Jardines
Un paseo por los Jardines del Real Alcázar
Considerado como el más importante edificio civil de Sevilla, el Real Alcázar es un monumento complejo. Ha sido habitado sin interrupción durante más de diez siglos y es precisamente esta dilatada historia, en la que se superponen cambios, modas y gustos, lo que le da un extraordinario valor. El Alcázar resume la trayectoria de la ciudad de Sevilla uniendo arquitectura y paisaje, técnica y disfrute. Se trata ante todo de una creación destinada a la sorpresa y la fascinación. El origen de la fortaleza se remonta al siglo X, tiempos del Califato de Córdoba, aunque no será hasta la etapa almohade cuando se lleven a cabo importantes obras en las zonas verdes que lo rodeaban. Sevilla se convertía en la capital del nuevo reino taifa. Lo que se venía llamando Mary al-Fidda, Pradera de Plata, se amuralla y se incorpora al Alcázar como huerta y jardines. A éstos se irán añadiendo posteriormente los ordenados construir por reyes cristianos como Alfonso X el Sabio, Pedro I o Carlos V, quien encargará unos jardines dignos de un emperador... Su imagen definitiva nos llega con las transformaciones del siglo XX, cuando las últimas huertas de cítricos del interior del recinto fueron convertidas en jardines, los hoy denominados jardines modernos, y alcanzan la extensión actual de siete hectáreas. Con el paso del tiempo, cada espacio ha cobrado una personalidad propia. A continuación proponemos un paseo por los jardines modernos, la opción más agradable para una noche de verano en Sevilla.

Galería de Grutescos
La Galería de Grutescos ocupa el corazón de los jardines y fue ejecutada entre 1613 y 1621 por el arquitecto manierista Vermondo Resta. Se trata en realidad de la antigua muralla urbana almohade que dividía las zonas de huerta y de jardines. Resta cubrió el lienzo con grutescos, elemento decorativo descubierto en las ruinas subterráneas o grutas de la Domus Áurea de Nerón, y levantó una galería como mirador sobre los jardines. En el cuerpo inferior se pintaron temas mitológicos, hoy prácticamente desaparecidos, donde se podía apreciar una alegoría del río Betis: rodeado de navíos, coronado de pámpanos y uvas, simbolizaba la prosperidad de la Sevilla de la época. Resalta a lo largo de dicha galería la Puerta del Privilegio.

Jardín del Cenador de la Alcoba
Sobre los naranjales se crea en 1546 un espacio para el descanso y la contemplación de Carlos V, el príncipe humanista. El jardín se encuentra centrado en el Pabellón de Carlos V, remodelación posiblemente de una "qubba" (oratorio musulmán) que presidía el cementerio real, de donde derivaría el nombre de Huerta de la Alcoba. El templete reúne escudos, seres mitológicos, elementos vegetales, así como una llamativa solería. Ordenado como lugar para cenar en las calurosas noches de verano, desde entonces es conocido como el Cenador de la Alcoba. Durante el siglo XVII se añade muy cerca el Cenador del León, un pequeño pabellón de planta cuadrada que debe su nombre a la fuente circular con un león de piedra que preside su entrada. El laberinto de mirto, tuya y ciprés localizado junto a ambas edificaciones es una aportación del siglo XX.

Jardín de la Cruz
En tiempos de Felipe IV, rey mecenas de las artes, se mandó construir en 1626 un laberinto alrededor de un montículo que representaba al monte Parnaso. Aunque hoy no quedan más que algunos restos, podemos imaginar la estructura sinuosa elaborada con mirto. Esta planta simbolizaba en la Antigüedad el amor y la belleza, y con coronas de mirto se honraba a los campeones olímpicos. Se trató quizá de un homenaje al propio monarca, apodado “el Grande”. Actualmente conviven en él especies como la casuarina, el tejo, bambúes y un aguacate.

Jardín de los Poetas
Realizado entre 1956 y 1958, se trata de la última transformación sustancial acometida en los jardines exteriores del Real Alcázar. Se construyó siendo conservador del Alcázar Joaquín Romero Murube, y se encuentra presidido por dos albercas y una fuente central, traída de un convento de Sanlúcar de Barrameda. En este jardín vemos rosas, hortensias, eucaliptos y moreras. Su espíritu romántico, con glorietas y fuentes, recuerda al estilo “Forestier” del Parque de María Luisa. Se encuentra situado entre el Jardín Inglés y el Jardín del Marqués de Vega Inclán.

Jardín del Marqués de Vega-Inclán
Por el lado trasero de la Galería de Grutescos, atravesando la Puerta del Privilegio y fuera del lienzo almohade, se configuran nuevos espacios durante el siglo XX. El más extenso fue ejecutado en 1913 por el marqués de Vega-Inclán siguiendo la traza de un jardín neoclásico en forma de tablero de ajedrez. En los veinte parterres que lo conforman abundan los árboles frutales, en recuerdo de los orígenes agrícolas del enclave: naranjos, mandarinos, nísperos, perales. El conjunto constituye un buen ejemplo del jardín andaluz, combinación del antiguo jardín renacentista con fuentes y albercas granadinas, azulejos y grandes árboles.

Jardín Inglés
Mandado construir a principios del siglo XX por la reina Victoria Eugenia, este jardín paisajista se extiende sobre las huertas que desde época andalusí ocupaban el flanco suroeste del Alcázar. Se trata de un espacio de praderas con numerosos árboles y bosquetes, siguiendo el estilo nacido en las islas británicas durante el siglo XVIII. Es interesante su variedad de especies botánicas pudiendo encontrar, entre otros, ejemplares de cedro del Atlas y el Himalaya, palmeras, tejos y árboles de los escudos (árbol sagrado cultivado por los monjes budistas).


