Patronato del Real Alcázar y de la Casa Consistorial de Sevilla

Accademia del Piacere

 

© luis castilla

Músicos

Fahmi Alqhaiviola da gambaRami Alqhaiviola da gamba

 

Fahmi Alqhai Sevilla, 1976. Es reconocido como uno de los mejores intérpretes de viola da gamba del momento actual. A pesar de su juventud es requerido por las formaciones camerísticas más importantes del panorama nacional e internacional de música antigua. Hoy en día es colaborador habitual de Hesperion XXI (Jordi Savall) e Il Suonar Parlante (Vittorio Ghielmi), con quién ofrece regularmente conciertos en toda Europa, Japón, EEUU y Latinoamérica. Ha realizado numerosas grabaciones para sellos discográficos (Alia Vox, Glossa, Winter&Winter, etc.), televisiones y radios en todo el mundo. En 1998 comienza su carrera de solista especializándose en el repertorio alemán para la viola, sus versiones de las sonatas de Johann sebastian Bach han tenido en todas sus actuaciones una inmejorable crítica tanto por el público como por la crítica especializada. Es fundador y director del grupo Accademia del Piacere y fundador junto a su hermano, Rami Alqhai, del sello Alqhai&Alqhai. Además de la música antigua ha colaborado como solista en espectáculos de flamenco y también realiza incursiones en el campo de la música contemporánea y el Jazz. Desde 2009 es director artístico del FeMAS.

 

Rami Alqhai Khoury Sevilla, 1980. Solista de viola da gamba. Realiza una gran labor de difusión musical y de la viola da gamba como docente en cursos de perfeccionamiento. A la edad de 11 años hizo su primer concierto de rock. Está empeñado en hacer que la Música Antigua tenga una difusión acorde a su importancia e historia y siempre ha pensado que la viola da gamba fue un instrumento espectacular, por ello realiza una gran trabajo de interpretación solística, además de buscar en repertorios actuales y técnicas más complejas de las que hoy en día se mantienen. La viola da gamba debe ser un instrumento actual y no una mera recomposición. Especialista en Barroco Europeo y Renacimiento Español. Ha colaborado con las formaciones más prestigiosas nacionales y extranjeras y ha actuado en numerosas salas de conciertos, teatros, y auditorios de primer nivel. Es miembro de Accademia del Piacere. Después de haber formado su criterio y técnica durante muchos años de profesión ha creado junto a Fahmi Alqhai el sello discográfico ALQHAI & ALQHAI, el cual se ha convertido en muy poco tiempo en un sello discográfico de referencia (www.alqhai.com) Como solista grabará en 2011 las sonatas de Bach para viola da gamba y clave.

Presentación

Tras sorprender al mercado discográfico con la arrebatada visión del Seicento italiano mostrada en su primer disco -Le Lacrime di Eros-, la Accademia del Piacere de los hermanos Alqhai nos sacude de nuevo con su versión del repertorio por antonomasia del violagambista virtuoso: la música francesa del Barroco tardío.

 

Fahmi Alqhai se acompaña de un lujoso y flexible equipo de continuo (con su hermano Rami al frente) para exhibirnos un instrumento en plenitud de sus facultades sonoras, expresivas y técnicas, que en nada parece sospechar que ese su momento de máxima gloria era al tiempo su canto del cisne. Entre la delicada cantabilidad en Marais y el virtuosismo extremo en Forqueray, donde exprime a fondo los casi infinitos recursos de la viola, Fahmi Alqhai despliega el abanico de colores de un instrumento ya sin complejos, que cambia de máscara a voluntad para desvelarnos el carácter de los personajes retratados por el iracundo Antoine o los exóticos ambientes maraisianos.

Programa 

Les violes du ciel et de l'enfer (Música francesa del Barroco tardío)

 

MARIN MARAIS (1656-1728) 

Marche Tartare

La Arabesque

La Reveuse

Marche Persane “La Savigny”

Sarabande

La Tourbillon

 

ANTONINE FORQUERAY (1671-1745)

La Rameau

La Montigni

La Léon, Sarabande

Jupiter

Notas al programa

-Dos violas para el Rey sol-, por Pablo J. Vayón

 

Cuando en 1661 asume de forma efectiva el poder, Luis XIV no ha olvidado los sucesos de la Fronda que amargaron su niñez. Está por ello obsesionado con el orden y desea por encima de todo controlar a la levantisca aristocracia del reino. Tras la firma del Tratado de los Pirineos en 1659, Francia se ha convertido sin discusión en la primera potencia de Europa, y el rey no está dispuesto a renunciar al futuro de grandeza que el nuevo contexto internacional le augura. Por eso, por salvaguardar la dignidad de su majestad en un entorno solemne y por tener bajo su mano a los poderosos, decide trasladar la corte de París a Versalles, donde convertirá el viejo pabellón de caza que construyera décadas atrás su padre en el más suntuoso e imponente palacio que hubiera podido soñar jamás casa real alguna.

 

Como se trataba además de impresionar al visitante (sobre todo, si era extranjero), el rey no escatimó en gastos para atraer hasta su nueva residencia a los más ilustres intelectuales y a los mejores artistas de Francia. Años después, en El siglo de Luis XIV, Voltaire recordaría entusiasmado aquella confluencia de talentos: «Es una época digna de la atención de tiempos venideros aquella en la que los héroes de Corneille y de Racine, los personajes de Molière, las sinfonías de Lulli, nuevas para la nación, y (ya que aquí no se trata únicamente de las artes) las voces de Bossuet y de Bourdaloue eran escuchadas por Luis XIV, Condé, Turenne, Colbert, y esta multitud de hombres superiores. No volverán los tiempos en que un duque de La Rochefoucauld, autor de las Máximas, tras charlar con Pascal, se dirigía al teatro de Corneille. No ha habido muchos genios desde los hermosos días de estos artistas ilustres; parece que la naturaleza descansó.»

 

En este fastuoso ambiente, en el que convivían la aristocracia de la sangre y la del arte, había de producirse a finales del siglo XVII el encuentro entre los dos más grandes violagambistas que conocieran los tiempos. Marin Marais había nacido en París en 1656, hijo de un humilde zapatero, y se había formado como niño de coro en Saint- Germain-l’Auxerrois antes de pasar unos meses junto a Jean de Sainte-Colombe, el gran maestro de la viola francesa. A los 20 años estaba ya en Versalles como miembro de la Academia Real de Música y en la corte haría toda su carrera artística. Antoine de Forqueray era también parisino, pero pertenecía a una familia de músicos. Nacido en 1671, llegó a Versalles con sólo 17 años para formar parte de La Chambre du Roy, deslumbrando a todos con su delirante virtuosismo y provocando frecuentes altercados por su carácter colérico.

 

Marais y Forqueray chocaban en todo. El primero era un artesano con aspiraciones de ascender en la escala social y la clara voluntad de dejar testimonio de su arte, lo que documentan principalmente sus cinco libros de viola editados entre 1686 y 1725. El segundo, un altivo revolucionario de la improvisación, que se jactaba de no haber escrito jamás una nota. Marais se presentaba como el heredero de toda una tradición que había hecho de la viola uno de los instrumentos más nobles de la Francia de su época: sus danzas y sus piezas de carácter agrupadas por tonalidades en forma de suites extendieron el gusto por las ediciones dedicadas al instrumento en las primeras décadas del Setecientos. Forqueray despreciaba hasta tal punto la letra impresa que si sus piezas han sobrevivido ha sido gracias a su hijo Jean-Baptiste, que las publicó póstumamente en 1747. En Marais alentaba el espíritu clásico. En Forqueray, el del exceso.

 

Ninguno de los dos pudo evitar en cualquier caso el declive de la viola, que era ya muy acentuado en 1740, el año en que Hubert le Blanc publicó su famoso tratado en defensa del instrumento en el que recordaba los años gloriosos en que los corrillos artísticos parisinos eran un hervidero de chismes y noticias en torno a esos dos grandes prodigios enfrentados, el dulce Marais, “que tocaba como un ángel”, y el furioso Forqueray, “que lo hacía como un diablo”. Trescientos años después, el duelo continúa...

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